Haití

El futuro de Haití también es nuestro futuro

Si China invierte en Haití puede resolverse el complejo problema de la emigración descontrolada de haitianos sin cualificación profesional a nuestro país. El desarrollo de infraestructuras podría llevar a la modernización del país más pobre de América, y uno de los más castigados del mundo.  No basta la política de solidaridad entendida como un sistema de donaciones para infraestructuras básicas en un país del que sus propios ciudadanos huyen de forma incontrolada por donde pueden y a donde pueden.
La comunidad internacional ha fracasado en su intento de resolver los problemas de nuestro vecino. No solo no los solucionado sino que, además, ha creado la idea de que no hay futuro para ellos tras un fracaso de gestión tan espectacular, y por eso huyen.
Tenemos un severo problema en nuestras calles por donde deambulan centenares o miles de haitianos sin trabajo ni hogar, tenemos un problema de logística para albergar sus esperanzas, tenemos un problema de seguridad ciudadana para evitar los conflictos, tenemos un problema de coste asistencial para atender humanamente a las mujeres que lo necesitan en nuestros hospitales. Tenemos un problema que se llama Danilo Medina, y otro aún mayor que se llama política dominicana durante treinta años de alternancia entre políticos sin corazón ni voluntad de buen gobierno.
La incompetencia para gestionar el problema de la emigración se superpone a todos los demás problemas porque está en la calle, lo padece el dominicano medio y a pesar de que los corruptos se aprovechan de los sobornos, no resuelven las dificultades creadas para la convivencia con ellos, sino que los haitianos se convierten en la válvula de escape de nuestro enfado ante los fracasos que padecemos como nación por culpa de mal gobierno.
¿Dónde está nuestra política exterior exigiendo compromisos reales para resolver los problemas de nuestro vecino y satisfacer el coste de nuestra asistencia y cooperación continua?
¿Dónde está nuestro embajador en Naciones Unidas para exigir un plan de acción que controle las donaciones para que estas lleguen de verdad a Haití y se usen para lo que fueron hechas?
¿Dónde está nuestro gobierno para negociar con los inversores chinos un plan global en la isla que incluya un desarrollo real de infraestructuras que sirva de lanzadera a los dos países?
¿Dónde están los responsables policiales que deberían establecer una estrategia de control fronterizo, salvaguardada por la defensa de los derechos humanos pero rigurosa para impedir la permeabilidad del tránsito a nuestro país sin control?
No hay buen gobierno, por eso nuestra voz no se escucha en el mundo, por eso los dominicanos y las dominicanas de buen estamos solos frente a los problemas y las adversidades. Ya es hora de despertar y unirnos para lograr el cambio poniéndonos en marcha como lo que somos, ciudadanos con conciencia frente al mal gobierno. Ya es la hora!